Esperanza
Final de trayecto
¿Necesitas más motivos? No, ¿verdad? Es cuestión de callarse, de callarse y escuchar cómo se abren las persianas vecinas, cómo todo continúa igual, nadie nos ha oído; seguimos torciendo el planeta hacia el mar un segundo más.
Luz fría con un pan bajo el brazo; el día nace con la irremediable necesidad de un trabajo que aguarda entre pretéritos perfectos y lesiones cervicales. Invierno, y el puto cambio climático privándonos una noche más del vaho en el que improvisar fantasmas de corazones con resaca, pájaros vestidos de azul superviviente... tu alma en dos batidas de ala.
Silencio que se me cuela entre temblores, Parkinson de ramaje al viento en las manos, lágrimas con fecha de caducidad otoñal, descompuestas e hinchadas sobre tu cuerpo. Demasiado preludio para tanta tempestad. Tenías razón, estas cosas deben hacerse rápido o siempre encontrarás un motivo más para desviar las cuchilladas.
Ahora yaces inmóvil, callado... ahora tal vez cambies la forma de las nubes que tanto te gustaba mirar, por las que a tantos relojes rotos hiciste perder la paciencia y la arena de los zapatos. Ahora no busques motivos. Tal vez nunca los hubo, ¿para qué demonios los quieres?
Late. Sufre. Duerme y no despiertes más. Vuela...